30 jun. 2014

HISTORIA DE DOS CIUDADES SATÉLITE

Todos los que somos aficionados a la ciencia ficción sabemos que se trata de un género difícil en el que la consistencia del guion y la escenografía, comparten la misma importancia.
Se trata además de decorados difíciles ya que deben resultar novedosos a la par que verosímiles.
Las propuestas tecnológicas en contra de lo que pudiera parecer, son más fáciles de gestionar que las arquitecturas que las contienen, que han de procurar no caer en complejos ridículos que Ridley Scott define como “el síndrome de la cremallera diagonal y del pelo plateado”.[1]
A la libertad creativa que posibilita la creación de ambientaciones sobre ciudades nuevas, se une la esclavitud de desligarse absolutamente de cualquier elemento o icono reconocible que los pueda asociar a un espacio urbano real.
La necesidad de superar la barrera del tiempo real en las escenografías futuristas pasa por la supresión de parte de los símbolos iconográficos que representan algunas edificaciones del entorno urbano real. Por regla general, todo elemento simbólico de una ciudad parece perdurar en el tiempo, circunstancia que choca con la temporalidad que condiciona los filmes de este género. La complejidad radica en saber si la supresión de dichos iconos arquitectónicos del contexto de la ciudad ficticia pasa necesariamente por la creación de unos nuevos.
En ese sentido me ha resultado bastante decepcionante la propuesta escenográfica que el director Neill Blomkamp con su directora de arte Nancy Anna Brown, nos propone para Elysium. Situado en el 2153 Elysium se plantea como una colonia espacial que orbita la tierra destinada a una minoría de alto poder adquisitivo como alternativa a una Tierra deshumanizada y abatida por la contaminación. En esta colonia, este número limitado de seres humanos disfruta de una vida supuestamente lujosa en la que disponen de capsulas médicas que proporcionan una rápida curación de sus enfermedades, otorgando una calidad de vida sin precedentes que están dispuestos a mantener a cualquier precio.
Imagenes exterior e interior de la ciudad orbital Elysium, extraída de la película de Neil Blomkamp Elysium, 2013
En un guiño a los diseños de Ebenezer Howard[2] y su Garden City of To-morrow de principio del siglo XX, Blomkamp nos ofrece una ciudad orbital en forma de rueda de carro cargada de mansiones y casas suburbiales cada una de ellas con su parcela de jardín. Aparte de algunas inconsistencias de escala perceptibles mediante la comparación de las naves que se aproximan a Elysium, esta propuesta de ciudad orbital no solo no aporta nada nuevo, sino que resulta tremendamente conservadora. Con una ambientación que raya lo hortera, la primera impresión que se ofrece tiene más que ver con un render de constructora de casa en la playa que con una cinta solvente de ciencia ficción. Para ser una propuesta urbana alternativa a las ciudades terrestres Elysium adolece de lo mismo que el lesivo urbanismo extensivo desarrollado durante los últimos 50 años. Es disperso, centraliza el terciario por lo que no genera ciudad y lo más importante, es estéticamente pueril con sus propuestas de casas pseudo historicistas.
Bien es sabido que las escenografías de ciencia ficción se alimentan de arquitecturas ya existentes reinventándolas de alguna manera. Sin embargo de cara a buscar inspiración, considero que hubiera sido mejor tomar como referencia la cuarta ciudad del conjunto de las 12 ciudades ideales de los italianos Superstudio.

IV City: Spaceship city del conjunto de 12 ciudades ideales 
de los arquitectos Superstudio, 1972
Publicadas en 1972 en la edición de diciembre de Architectural Design y en el número 361 de Casabella, las 12 ciudades ideales se plantearon como una contra-utopía capaces de reflejar algunas de las características de las ciudades de los 70 pero menos contaminadas. En su cuarta propuesta de ciudad titulada Spaceship City, Superstudio planteaba una enorme rueda roja de 50 metros de diámetro, con un núcleo central de 8 metros de diámetro que contenía una supercomputadora a modo de navegador que controlaba controla todos los sistemas que alimentan las necesidades de los ciudadanos.
La parte exterior de la rueda se dividía en 80 secciones de 2 cabinas cada una, que albergarían a los 156 tripulantes, los hombres en las superiores y las mujeres en las inferiores. El sistema de cabinas giraba lentamente a razón de una vuelta completa cada 80 años.
Si bien el programa de Superstudio comparte las tesis existenciales de lo que resultaba posible en la década de los setenta, la imaginería de Superstudio resulta mucho más acorde con el exoesqueleto que construyen para su protagonista, que esa nueva versión de Marina D’or que supone su apuesta para Elysium.
Salvando el tema de la longevidad y la salud de la que se disfruta en Elysium, la impresión general del espectador es la de una existencia insustancial, basada en los mismos despropósitos que padecemos hoy. Nada que ver con la propuesta fantástica de los Superstudio en la cual los miembros de la tripulación de la Spaceship city duermen desde que nacen hasta su muerte, conectados por una serie de cables a la red central que controla sus constantes vitales. Cerebralmente, la tripulación permanece conectada a un “Generador de sueños” en el que sueñan con New Babylon, New Rome, New Moscow y New Cape Town… un argumento más próximo a Matrix que a Elysium, pero esa es otra película.

Bibliografía 
HOWARD, Ebenezer. Garden Cities of To-Morrow (London, 1902. Reprinted, edited with a Preface by F. J. Osborn and an Introductory Essay by Lewis Mumford. (London: Faber and Faber, [1946]):50-57, 138- 147. 
LANG, Peter, MENKING, William. Superstudio: Life without Objects. Milan, Skira, 2003
SCOTT, Ridley. Comentarios acerca de Blade Runner- design and photography, en American Cinematographer, Pág. 684-693, 715-732. Julio 1982.

[1] Scott, Ridley. Comentarios acerca de Blade Runner- design and photography, en American Cinematographer, Pág. 684-693, 715-732. Julio 1982.

[2] Howard, Ebenezer (1850-1928) urbanista británico. Basó sus investigaciones en el diseño de las «Ciudades Jardín del mañana»,  tratado de urbanismo que  publicó en 1902 y dio origen a un nuevo modelo urbanístico llamado ciudad-jardín. Su modelo fue propuesto como reacción a la necesidad de establecer un nuevo concepto de ciudad ante la falta de oferta domestica para la creciente comunidad obrera resultante de la revolución industrial.

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